sábado, 31 de mayo de 2014

Que sostenible era mi pueblo y yo sin saberlo

Se celebra éste fin de semana la Fiesta de la Ascensión en Oviedo y éste año vuelve a emplazarse nuevamente en la denominada “losa de renfe” cerca de la Escuela de Minas.
Está todo lleno de carpas: una de animales, otra de plantas, otra dedicada al folklore, otra a los quesos, etc. Ahora está de moda dentro de la dedicada a temas de los más variopinto introducir en su denominación la palabra ecológico ó sostenible junto con el color verde. Pues vale.
Una de las carpas patrocinada por una caja de ahorros tiene como tema el mundo sostenible “el mundo que queremos es más sostenible”. Yo lo que quiero es que sea mejor. Lo de sostenible lo dejo para la acción de la gravedad. Dentro del recinto me encuentro con juegos que ellos relacionan con la sostenibilidad. Dos de los juegos destacados son la “rana” y los “zancos”.
Yo soy de un pueblo de la cuenca central asturiana (nada de mucha honra, soy de pueblo y como se dice ahora punto pelota); tengo unos cuantos años y recuerdo de pequeño ver jugar a la rana en los patios de los bares a los mineros cuando iban a tomar algo después del trabajo. O sea que ellos eran sostenibles y no lo sabían. Eran más sostenibles que yo porque siempre me ganaban. Está bien la rana pero ahora hay otros juegos atractivos, por ejemplo los que tenía en el móvil de última generación, el monitor.
Pasemos a los zancos, no a los de ahora de diseño, sino a los zancos de antes, los que se obtenían en el monte cortando unas ramas apropiadas de un árbol. Se usaban para pasar zonas con agua y barro y luego se dejaban en la zona para que los usara quien los necesitara. Éramos sostenibles y solidarios. No vale ser que unos sean “sostenibles” a costa de otros que se mueren de hambre.
Mientras escribo esta chorrada, se oye de fondo la música que tienen puesta. Tienen una carpa con unos equipos de música impresionantes. Una ojeada me indica la necesidad de unos 14 minerales, sin contar los de la iluminación y los de los teléfonos móviles, para construir dichos equipos.
La música que suena es: molinera, molinera, que descolorida estás, desde el día de la fiesta, no has cesado de llorar; no has cesado de llorar, ni tampoco de reír, molinera, molinera, de pena muero por ti…..Ahora la molinera/o gracias a los desarrollos tecnológicos vive mucho mejor, jodida/o de amor pero vive mejor.
Comienza a llover pero no hay problema, gracias a las enormes carpas de “plástico” (si ese material que se extrae del gas natural y el petróleo), no pasa nada y la fiesta sigue.